lunes, 31 de diciembre de 2012

Último Post del año

Para que la reunión familiar se haga leve, para decir otro año que sí, que soy una siesa, pero me da igual, probablemete sea lo que haga más divertidas ciertas partes de estas fiestas. Para pedir de todo corazón que el propósito de año nuevo de mi vecino sea dejar de fumar, al menos en el baño, porque el olor llega a mi baño a través de la ventilación. Para que me decida y en un arranque de valentía deje de currar y me tome unos meses sabáticos (no me lo creo ni yo) y para que el efecto de Aníbal Smith se cierne sobre mi chico y sobre mí y "Que todos los planes nos salgan bien".
Y feliz año nuevo a todos

jueves, 27 de diciembre de 2012

Mi primera entrada en el Buscalibros

No es la primera vez que hablo de Fran Rodríguez en este blog, y los que os leeis los comentarios ajenos, seguro que os habeis topado con alguno de Fran, que comenta casi exclusivamente cuando escribo algún relato.
Fran y yo, a pesar de tener edades diferentes, ubicaciones diferentes y vidas diferentes somos grandes amigos virtuales y chateadores ocasionales en facebook.
Aún así, me sorprendió cuando me propuso participar en su proyecto: El Buscalibros.
El Buscalibros nace de la pasión de Fran por la escritura y la lectura. Ha reunido a un grupo de blogueros unidos por ese mismo amor y nos ha puesto a escribir sobre eso mismo: libros, libros, libros...
Con gran orgullo y esperando estar a la altura del resto de los compañeros de El Buscalibros, os presento mi primera entrada en dicho Blog: Claus y Lucas, de Agota Kristoff.
No me gusta  ser pedigüeña, pero en estas fiestas me lo permito: por favor, pasaros por El Buscalibros y decidme cuánto os ha gustado. Porque es imposible que no os guste.
Y no os perdais la entrada de inaguración de este gran blog, con nada menos que el vídeo del cortometraje The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore que es simplemente maravilloso...

lunes, 24 de diciembre de 2012

Relato: Vivir en una Pompa de Jabón



Amigos. Hoy es Nochebuena y os regalo un cuento escrito por mí. Particularmente me encanta. Espero que lo disfruteis. Felices Fiestas.
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Al segundo gin-tonic me habló de una chica con la salió en su adolescencia y a la que tuvo que dejar porque tenía la mala costumbre de hurgarse la nariz con el dedo. Al tercero, me describió cuánto odiaba su primer trabajo. Y al cuarto, me contó como pasó 15 días enteros sin salir de casa y sin ver a casi nadie, tan sólo a los ocasionales repartidores que le traían la comida a domicilio.

Cristóbal y cuatro amigos más habían planeado pasar por fin unas vacaciones juntos. Se trataba de amigos con los que había estudiado en la universidad, ahora todos treintañeros. Habían alquilado un piso en Fuengirola, y querían revivir su adolescencia de nuevo. Un mes antes, uno de los amigos tuvo que cancelar porque su mujer le amenazó con divorciarse si la dejaba sola durante las vacaciones. A partir de allí, todo el plan se vino abajo como un castillo de naipes. A otro amigo le surgió un viaje de negocios al que no pudo negarse y al tercero le salió por fin un trabajo. Cristóbal y el cuarto amigo decidieron no irse solos.
Como no podía cambiar sus fechas de vacaciones, no sabía muy bien qué hacer con esos días libres. Se planteó irse a Inglaterra unos días a mejorar su inglés o gastarse el dinero reservado para su viaje en redecorar su piso. Me contó que tras pensarlo un poco, hizo creer a su familia,  amigos y compañeros de trabajo que se iba de vacaciones. Sin embargo, decidió encerrarse en casa durante esos 15 días y no poner ni un pie fuera. No le preocupaba la soledad, ni tampoco el aburrimiento. “Lo que de verdad me daba miedo”, me dijo, “era caer en la desidia y dejar de asearme y que se acumulara demasiada basura dentro de casa”.
Solucionó el reto de mantenerse limpio y arreglado con grandes dosis de fuerza de voluntad y el problema de la basura lo solventó dando una propina exageradamente alta a cada uno de los repartidores que venían a traerle la compra para que le tiraran la basura al bajar. “Tengo un problema con el tobillo”, les mentía, “y apenas puedo andar”.
Cada mañana, se despertaba sin despertador, sencillamente cuando se lo pedía el cuerpo. Se preparaba un café y se lo bebía en la cama mientras leía alguna de las novelas de las que se había surtido antes de encerrarse en casa. Después se duchaba y se vestía como si fuera a salir a trabajar, siempre conjuntado y con la ropa planchada. “A veces, incluso me puse la corbata”, me decía con asombro.
Los primeros días pasaba horas delante del ordenador, inventándose sus vacaciones y colgando fotos de playas en las que no había estado y de paisajes que nunca había visto en las redes sociales. Comentaba en blogs, leía las noticias,  y buscaba recetas nuevas para su almuerzo. Cada día se cocinaba algo distinto: spaghetti con salsas que jamás había probado, postres que no lograba comerse solo, y platos de todos los estilos.Arroz chino, sopa japonesa, couscous …lo que no logró fue que le saliera bien el sushi.
El sexto día, su rutina de lectura, ordenador y cocina no era suficiente para entretenerle, así que la emprendió con su casa y ordenó todos y cada uno de sus armarios, cajones y estanterías. Al abrir un cajón de su escritorio, descubrió un fajo de cartas que recibió de diferentes amigos y novias años atrás. Las releyó todas. Se sintió como si estuviese leyendo la correspondencia de otra persona. Por su cabeza desfilaron personajes de su pasado que ya casi había olvidado. Leyendo las cartas, no se reconoció en su yo de antes. Tan superficial, tan impaciente por agradar a los demás.
Al séptimo día descubrió dos cosas:
-En su afán de ordenar había tirado tanta ropa,  que casi no le quedaba qué ponerse en el armario.
-Había dado tantas propinas a los repartidores para que se deshicieran de las docenas de bolsas de basura que había acumulado con la limpieza, que se estaba quedando sin dinero en metálico.
Pasó toda la tarde comprándose ropa nueva en los outlets de la red. También compró una papelera de capacidad de 50 litros para poder aguantar hasta el final de sus vacaciones sin tirar la basura.
El octavo día descubrió que hacía mucho tiempo que no se sentía tan feliz y ese pensamiento le hizo sentirse inquieto.
El noveno día tuvo que esconderse en el armario de su habitación durante una hora porque vino su hermana a regarle las plantas.
El décimo día, el pensamiento de saber que en breve tendría que salir de nuevo a la calle, y enfrentarse al mundo empezó a acecharle. Para mantener su mente ocupada preparó un complicado  plato de hojas de viña rellenas de arroz y carne picada. El relleno era simple de hacer, pero poner la cantidad justa dentro de cada hoja y enrollarla sin que se rompieran resultaba todo un reto. El resultado fue un plato exquisito. Le sobró mucha comida  y no se sintió mal por no poder compartirla con nadie. Se dio cuenta de algo. Se dio cuenta de que su mundo era redondo. Redondo y frágil como una burbuja de jabón.
Los últimos cinco días, transcurrieron a una velocidad vertiginosa, escurriéndose como agua entre los dedos. Sus libros, su cocina, su ordenador, su tele, su colchoneta azul donde hacía los estiramientos matinales, constituían un mundo perfecto que no quería cambiar. Se quería más que nunca,  adoraba estar consigo mismo y mantener diálogos mentalmente. Sin embargo, pensar en su yo laboral, en su yo como amigo, hermano, hijo y tío no le producía placer alguno. Al pensar en su vida normal, en su vida anterior a la burbuja, le parecía estar visionando escenas de la vida de otro…y no siempre le gustaba lo que veía.

Y aquí Cristóbal acabo su cuarto gin-tonic y también paró de hablar.
“¿Y qué pasó luego?”, le pregunté
“Nada”, me dijo, “tuve que volver a trabajar, a mi vida cotidiana, a mi día a día”
“Entonces, ¿sufriste simplemente algo así como un síndrome postvacacional?”, intenté resumir.
“No”, me contestó, “fue como despedirse de un buen amigo. Aunque seguro que pronto nos volveremos a encontrar”

domingo, 23 de diciembre de 2012

El día que el mundo tuvo que acabarse no se acabó

Decían que el viernes se iba a acabar el mundo. Y eso lo dijeron nada menos que los mayas, que eran muy listos y propietarios de una cultura muy avanzada.
El viernes no se acabó el mundo, pero a mí me cayó un marronazo laboral, que con mis añitos y mi experiencia, supe solventar muy bien, pero cuando por fin pude cerrar el chiringuito, me dolía la cabeza y el estómago de lo vacío que estaba. Lo peor, es que como todo marrón que se precie, me seguirá salpicando el resto de esta semana.

Y es que esta semana pasada, ha sido muy dura, con mi marido de viaje y yo ejerciendo de chófer, madre, ama de casa, cocinera y trabajadora a la vez...Y es que el jueves ya no sentía ni las piernas. En un arranque de súper héroe, el miércoles aproveché que estaba mi madre en casa cuidando de mis hijos y cogí la bolsa de la compra y me fui a comprar la comida para la cena de Nochebuena. Y creo que hice bien, porque estos días hace falta mucha paciencia para hacer cola en la pescadería y en la caja. Así que hoy, en vez de estar en el Hipercor me puedo dedicar a escribir a este post, a contestar a un mail de mamá de una monita que tenía ya 10 días de antigüedad y hacer un puré para mañana.....
Y aprovechando el momento, para las pocas bloguers que leeis mi blog...¡en mayo, con ocasión de la visita de Mami de una Monita a Madrid, hay desvirtualización! Tenemos que organizarle una bienvenida inolvidable. Por fin vamos a verle la cara. Como sabeis, Mami de una Monita, es una gran fotógrafa, pero no practica el autorretrato y estamos deseando verle la cara.

Mientras tanto, iré preparando mi primer post para el Buscalibros, blog del que paso a formar parte por invitación del primer bloguer que siguió mi blog y la primera persona que me dio un premio bloguero, Fran Rodríguez.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Día parisino

Llego a París - Orly con media hora para llegar a la reunión. La cola llega de los taxis es inmensa y se comenta que hay atascos. Así que decido tomar un moto taxi. Me ponen un casco, unos guantes XL y una mega chupa encima del abrigo. Cuando subo a la moto me ponen una manta motera y París, allá voy... Sorteando el atascazo y viviendo la aventura. Alucinante. A ver la cara de mi jefe cuando vea la hoja de gastos.
Después de la reunión me pateo París, sobre todo la zona Place de la Madeleine para empaparme del espíritu gourmet francés. Es mi trabajo. Cuaderno en mano, voy tomando notas en Fauchon, Maille, Hediard, Lafayette Gourmet... Fauchon me encanta pero cuando empiezo a tomar notas me empieza a perseguir un señor con un pinganillo y me voy a escribir fuera. Vuelvo más tarde a Fauchon y se me acelera el corazón, se nubla la vista y tengo que comprar. El monstruo consumista se apodera de mi. En nochebuena cae foie fijo. Ahora estoy en el aeropuerto y me duelen los muslos. Me acorde de los seguidores del blog y os envio un saludo por video.

Inmaysumundo en París

video
Inmaysumundo saludando desde París

  • martes, 11 de diciembre de 2012

    Aeropuerto

    Aquí estoy en la T2 rumbo a París. Ida y vuelta en el día. Reunión con presentación y luego investigación sobre el terreno de lo que hace la compe. y todo a 3 grados. Llevo más ropa que Heidi cuando fue a casa de su abuelo con todo su armario puesto. El madrugón no me lo quito de encima hasta el fin de semana. C'est la vie. Mis hijos, súper envidiosos. Noooo, vas a París sola. Joooo vas a ver la Tour Eiffel. Que bonito creer que en un viaje de trabajo te da tiempo a hacer turismo. Y mientras, me llega un text diciendo que la peque se ha hecho pis en la cama ... !
    Si es que una no puede faltar!!

    lunes, 3 de diciembre de 2012

    Este Puente es todo mío

    Avanzo una pequeña tragedia laboral. Durante 1 mes me quedo sin becario. Así que seré como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como. Como la parte operativa la llevamos entre las dos, pues está cantado que tomarse unos días en Navidad es imposible, no me lo tienen ni que decir.
    Por eso, me tomo el puente que lleva mi nombre.
    Tengo grandes planes durante este puente que consisten en:
    - No pensar en el trabajo. Está prohibido.
    - Mobilidad geográfica reducida. Es decir, que toda distancia en coche superior a 15 minutos estará estrictamente prohibida.
    - Actividades varias: patinaje sobre hielo, parque, elaboración de bizcochos, brownies, galletas caseras, parque, urbanización, televisión, parque, deberes, ¿biblioteca?....
    - La compra solo se podrá efectuar por internet o a través de mi marido, que hace mucho que no va

    Y eso, que estos tres días de planificación 2013, estrategia y power point, no van a ser facilillos, pero.......¡oye! Que ya me estoy relamiendo pensando en 4 días en casa con mis fieras.